Cuando la foto se ve granulada por recortar demasiado

Ilustración de un paisaje

Todos hemos pasado por esto: una foto en la que el protagonista se ve muy pequeño, un recorte para acercarlo, y de repente la imagen se llena de grano y pierde nitidez. Es normal. Cada vez que recortas, tiras parte de la información de la foto, y lo que queda se estira para ocupar la pantalla. Cuanto más recortas, más se nota. Entender esto te ayudará a tomar mejores decisiones antes y después de hacer la foto.

Acercarte en lugar de recortar

La mejor solución empieza antes de disparar. Si puedes, acércate al motivo caminando, en lugar de recortar después. Un paso o dos hacia delante valen más que cualquier retoque. Si no es posible, por ejemplo con un animal tímido o un escenario lejano, intenta al menos que el motivo ocupe una parte razonable del encuadre, para que el recorte posterior sea pequeño.

Si ya tienes la foto, recorta con moderación. Para verla en la pantalla del móvil, casi cualquier recorte razonable funciona. Pero si piensas imprimir la imagen o mostrarla en una pantalla grande, las carencias se notan más. En ese caso, es mejor renunciar a un recorte fuerte y aceptar que el motivo aparezca más pequeño. Una foto pequeña pero limpia vale más que una grande y borrosa.

Puedes suavizar un poco el grano con las herramientas de reducción de ruido, pero con cuidado. Si lo aplicas demasiado, la piel se ve de plástico y los detalles desaparecen. Un poco de grano es natural y hasta agradable, como el de las fotos antiguas. En blanco y negro, muchas veces el grano se ve elegante y aporta carácter, así que prueba a convertir la foto y decide con tus propios ojos.

Por último, mira la foto a distancia normal, sin hacer zoom, porque así la verá la mayoría de la gente. Si a esa distancia se ve bien, no te preocupes. Y guarda siempre una copia del original para poder probar otro recorte. Con el tiempo aprenderás a componer mejor desde el principio, y el recorte será solo un pequeño ajuste final, no una necesidad constante.