Una foto con un texto breve puede convertirse en una invitación de cumpleaños, una felicitación o un saludo desde las vacaciones. Es una forma sencilla y cariñosa de decir algo a alguien, y no hace falta ser diseñador. Con algo de cuidado, el resultado puede ser bonito y claro. Lo importante es que la imagen y las palabras se lleven bien y que el mensaje se lea a la primera.
Elegir una foto con espacio
No todas las fotos sirven. Busca una imagen que tenga una zona tranquila, sin muchos detalles, donde el texto pueda apoyarse: un cielo despejado, una pared lisa, un mantel, un campo. Si la foto está llena de elementos por todas partes, las letras se perderán. Las imágenes con espacio libre a un lado son las mejores, y si no lo tienen, puedes recortar un poco para conseguirlo.
Escribe poco. Una invitación necesita la ocasión, el lugar y la hora, y un saludo apenas necesita una frase. Cuanto más corto es el texto, más grande y más legible puede ser la letra. Elige un tipo de letra sencillo, fácil de leer incluso en una pantalla pequeña, y evita mezclar muchos estilos. Una sola letra, quizá con una variación para el título, da un aspecto ordenado y elegante.
Cuida el contraste. El texto claro sobre una zona oscura, o al revés, se lee sin esfuerzo. Si la zona tiene manchas de luz y sombra, prueba a oscurecerla un poco o a poner un fondo suave detrás de las letras. Un buen truco es escoger para el texto un color que aparezca en la propia foto, como el verde de una hoja o el amarillo de una fachada. Así todo queda unido.
Evita tapar caras, manos u objetos importantes. Comprueba el resultado en una pantalla pequeña, porque es donde mucha gente lo leerá, y pide a alguien que lo mire con ojos nuevos. Revisa la ortografía, sobre todo los nombres y las horas. Si en la imagen aparecen personas, pregúntales antes de enviarla a muchos destinatarios. Después envía tu invitación con una sonrisa y espera las respuestas.